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Mitad

Mitad

Dibujo interactivo

Dibujo interactivo

Roble Europeo

Roble Europeo

RíoGrieta

RíoGrieta

Manhattan Walk

Manhattan Walk

Emotional Limbo

Emotional Limbo

Fire Island: a house, a ruin, a farewell, and a hope

Its red sand, its disproportionate length, makes this a dream place. And there, in that constantly changing nature, a house, an artifice, appears to pay homage to its surroundings. And now, in these months of confinement, said house, said outside world of summer beaches, generates longing and nostalgia at the same time.

This is how this image represents said duality, said emotional limbo. In this way, the viewer of the image struggles between feeling hope for the arrival or nostalgia for the farewell. Finally, the house facing the sea reminds us of those sandcastles that we built when we were little. Those castles that evoke the fragility of our artifice, of our race, of our moment, because any night, with the moon as a witness, the sea will rise and erase our castles

Des - Nudo

Des - Nudo

Ella pelea. Una manga. Otra. Dónde está mi mano. Estoy atrapada.

Mueble vs Inmuble

Mueble vs Inmuble

Mueble vs inmueble

Una biblioteca. Un homenaje. Oda a Saloma. del módulo al movimiento.

Instrucciones para matar una obsesión

Instrucciones para matar una obsesión

Si usted era (o es) de los míos y al ver su celular un 11:11 Once-y-Once o un 20:20 detenían su mirada y celebraba internamente usted era de los míos. Durante más de un año tuve la incansable maña de sacar el celular para ver la hora. Y no voy a mentirles. Esto no era una obsesión por el tiempo. A decir verdad, la hora poco me importaba. Lo que realmente sentía era una obsesión por los números bonitos. Repeticiones, sucesiones, números primos, capicúas y absurdas alusiones a tragedias (el 09:11 obvio) empezaron a obsesionarme. Ya no importaba qué momento del día era pues sólo quería sacar el celular y encontrar un número que me tranquilizara y me alimentara el juego para poder seguir. ¿Cuál sería el próximo? ¿Con qué me sorprendería el “universo”? ojalá sea un capicúa impar.Entonces, en un acto del cual me arrepiento profundamente, decidí registrar (congelar) aquellos números bonitos tomando pantallazos cada vez que me encontraba alguno. Pero como cuando éramos niños, cuando las reglas aparecieron el juego dejó de ser divertido. Puse un fondo negro creyendo que la colección iba a ser más bonita. La presión de la estética trajo de la mano la presión de la cantidad. ¿Cuántos llevo? O, aún mucho mucho peor, esperemos dos minutos y logro “capturar” el 18:18. Todo esto terminó por agotarme y ese amor u obsesión (no entremos en discusiones reales) se acabó. Ya no quiero sacar el celular en búsqueda de números. Ya no quiero un fondo negro.

Instrucciones para matar una obsesión

Instrucciones para matar una obsesión

Si usted era (o es) de los míos y al ver su celular un 11:11 Once-y-Once o un 20:20 detenían su mirada y celebraba internamente usted era de los míos. Durante más de un año tuve la incansable maña de sacar el celular para ver la hora. Y no voy a mentirles. Esto no era una obsesión por el tiempo. A decir verdad, la hora poco me importaba. Lo que realmente sentía era una obsesión por los números bonitos. Repeticiones, sucesiones, números primos, capicúas y absurdas alusiones a tragedias (el 09:11 obvio) empezaron a obsesionarme. Ya no importaba qué momento del día era pues sólo quería sacar el celular y encontrar un número que me tranquilizara y me alimentara el juego para poder seguir. ¿Cuál sería el próximo? ¿Con qué me sorprendería el “universo”? ojalá sea un capicúa impar.Entonces, en un acto del cual me arrepiento profundamente, decidí registrar (congelar) aquellos números bonitos tomando pantallazos cada vez que me encontraba alguno. Pero como cuando éramos niños, cuando las reglas aparecieron el juego dejó de ser divertido. Puse un fondo negro creyendo que la colección iba a ser más bonita. La presión de la estética trajo de la mano la presión de la cantidad. ¿Cuántos llevo? O, aún mucho mucho peor, esperemos dos minutos y logro “capturar” el 18:18. Todo esto terminó por agotarme y ese amor u obsesión (no entremos en discusiones reales) se acabó. Ya no quiero sacar el celular en búsqueda de números. Ya no quiero un fondo negro.

Instrucciones para matar una obsesión

Instrucciones para matar una obsesión

Si usted era (o es) de los míos y al ver su celular un 11:11 Once-y-Once o un 20:20 detenían su mirada y celebraba internamente usted era de los míos. Durante más de un año tuve la incansable maña de sacar el celular para ver la hora. Y no voy a mentirles. Esto no era una obsesión por el tiempo. A decir verdad, la hora poco me importaba. Lo que realmente sentía era una obsesión por los números bonitos. Repeticiones, sucesiones, números primos, capicúas y absurdas alusiones a tragedias (el 09:11 obvio) empezaron a obsesionarme. Ya no importaba qué momento del día era pues sólo quería sacar el celular y encontrar un número que me tranquilizara y me alimentara el juego para poder seguir. ¿Cuál sería el próximo? ¿Con qué me sorprendería el “universo”? ojalá sea un capicúa impar.Entonces, en un acto del cual me arrepiento profundamente, decidí registrar (congelar) aquellos números bonitos tomando pantallazos cada vez que me encontraba alguno. Pero como cuando éramos niños, cuando las reglas aparecieron el juego dejó de ser divertido. Puse un fondo negro creyendo que la colección iba a ser más bonita. La presión de la estética trajo de la mano la presión de la cantidad. ¿Cuántos llevo? O, aún mucho mucho peor, esperemos dos minutos y logro “capturar” el 18:18. Todo esto terminó por agotarme y ese amor u obsesión (no entremos en discusiones reales) se acabó. Ya no quiero sacar el celular en búsqueda de números. Ya no quiero un fondo negro.

Instrucciones para matar una obsesión:

Instrucciones para matar una obsesión:

Si usted era (o es) de los míos y al ver su celular un 11:11 Once-y-Once o un 20:20 detenían su mirada y celebraba internamente usted era de los míos. Durante más de un año tuve la incansable maña de sacar el celular para ver la hora. Y no voy a mentirles. Esto no era una obsesión por el tiempo. A decir verdad, la hora poco me importaba. Lo que realmente sentía era una obsesión por los números bonitos. Repeticiones, sucesiones, números primos, capicúas y absurdas alusiones a tragedias (el 09:11 obvio) empezaron a obsesionarme. Ya no importaba qué momento del día era pues sólo quería sacar el celular y encontrar un número que me tranquilizara y me alimentara el juego para poder seguir. ¿Cuál sería el próximo? ¿Con qué me sorprendería el “universo”? ojalá sea un capicúa impar.Entonces, en un acto del cual me arrepiento profundamente, decidí registrar (congelar) aquellos números bonitos tomando pantallazos cada vez que me encontraba alguno. Pero como cuando éramos niños, cuando las reglas aparecieron el juego dejó de ser divertido. Puse un fondo negro creyendo que la colección iba a ser más bonita. La presión de la estética trajo de la mano la presión de la cantidad. ¿Cuántos llevo? O, aún mucho mucho peor, esperemos dos minutos y logro “capturar” el 18:18. Todo esto terminó por agotarme y ese amor u obsesión (no entremos en discusiones reales) se acabó. Ya no quiero sacar el celular en búsqueda de números. Ya no quiero un fondo negro.

Parallel to our daily practice, in this space we collect texts, photographs, drawings, and furniture pieces we have developed. These creative explorations expand our horizons and become seeds for innovation.

Paralelo a nuestra práctica diaria, en este espacio coleccionamos textos, fotos, dibujos, o muebles que hemos desarrollado. Estos ejercicios creativos amplían nuestros horizontes y se convierten en semillas para la innovación.

Mitad

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Roble Europeo

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RíoGrieta

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Emotional Limbo

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Fire Island: a house, a ruin, a farewell, and a hope

Its red sand, its disproportionate length, makes this a dream place. And there, in that constantly changing nature, a house, an artifice, appears to pay homage to its surroundings. And now, in these months of confinement, said house, said outside world of summer beaches, generates longing and nostalgia at the same time.

This is how this image represents said duality, said emotional limbo. In this way, the viewer of the image struggles between feeling hope for the arrival or nostalgia for the farewell. Finally, the house facing the sea reminds us of those sandcastles that we built when we were little. Those castles that evoke the fragility of our artifice, of our race, of our moment, because any night, with the moon as a witness, the sea will rise and erase our castles

Des - Nudo

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Ella pelea. Una manga. Otra. Dónde está mi mano. Estoy atrapada.

Mueble vs Inmuble

Mueble vs Inmuble

Mueble vs inmueble

Una biblioteca. Un homenaje. Oda a Saloma. del módulo al movimiento.

Instrucciones para matar una obsesión

Instrucciones para matar una obsesión

Si usted era (o es) de los míos y al ver su celular un 11:11 Once-y-Once o un 20:20 detenían su mirada y celebraba internamente usted era de los míos. Durante más de un año tuve la incansable maña de sacar el celular para ver la hora. Y no voy a mentirles. Esto no era una obsesión por el tiempo. A decir verdad, la hora poco me importaba. Lo que realmente sentía era una obsesión por los números bonitos. Repeticiones, sucesiones, números primos, capicúas y absurdas alusiones a tragedias (el 09:11 obvio) empezaron a obsesionarme. Ya no importaba qué momento del día era pues sólo quería sacar el celular y encontrar un número que me tranquilizara y me alimentara el juego para poder seguir. ¿Cuál sería el próximo? ¿Con qué me sorprendería el “universo”? ojalá sea un capicúa impar.Entonces, en un acto del cual me arrepiento profundamente, decidí registrar (congelar) aquellos números bonitos tomando pantallazos cada vez que me encontraba alguno. Pero como cuando éramos niños, cuando las reglas aparecieron el juego dejó de ser divertido. Puse un fondo negro creyendo que la colección iba a ser más bonita. La presión de la estética trajo de la mano la presión de la cantidad. ¿Cuántos llevo? O, aún mucho mucho peor, esperemos dos minutos y logro “capturar” el 18:18. Todo esto terminó por agotarme y ese amor u obsesión (no entremos en discusiones reales) se acabó. Ya no quiero sacar el celular en búsqueda de números. Ya no quiero un fondo negro.

Instrucciones para matar una obsesión

Instrucciones para matar una obsesión

Si usted era (o es) de los míos y al ver su celular un 11:11 Once-y-Once o un 20:20 detenían su mirada y celebraba internamente usted era de los míos. Durante más de un año tuve la incansable maña de sacar el celular para ver la hora. Y no voy a mentirles. Esto no era una obsesión por el tiempo. A decir verdad, la hora poco me importaba. Lo que realmente sentía era una obsesión por los números bonitos. Repeticiones, sucesiones, números primos, capicúas y absurdas alusiones a tragedias (el 09:11 obvio) empezaron a obsesionarme. Ya no importaba qué momento del día era pues sólo quería sacar el celular y encontrar un número que me tranquilizara y me alimentara el juego para poder seguir. ¿Cuál sería el próximo? ¿Con qué me sorprendería el “universo”? ojalá sea un capicúa impar.Entonces, en un acto del cual me arrepiento profundamente, decidí registrar (congelar) aquellos números bonitos tomando pantallazos cada vez que me encontraba alguno. Pero como cuando éramos niños, cuando las reglas aparecieron el juego dejó de ser divertido. Puse un fondo negro creyendo que la colección iba a ser más bonita. La presión de la estética trajo de la mano la presión de la cantidad. ¿Cuántos llevo? O, aún mucho mucho peor, esperemos dos minutos y logro “capturar” el 18:18. Todo esto terminó por agotarme y ese amor u obsesión (no entremos en discusiones reales) se acabó. Ya no quiero sacar el celular en búsqueda de números. Ya no quiero un fondo negro.

Instrucciones para matar una obsesión

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Si usted era (o es) de los míos y al ver su celular un 11:11 Once-y-Once o un 20:20 detenían su mirada y celebraba internamente usted era de los míos. Durante más de un año tuve la incansable maña de sacar el celular para ver la hora. Y no voy a mentirles. Esto no era una obsesión por el tiempo. A decir verdad, la hora poco me importaba. Lo que realmente sentía era una obsesión por los números bonitos. Repeticiones, sucesiones, números primos, capicúas y absurdas alusiones a tragedias (el 09:11 obvio) empezaron a obsesionarme. Ya no importaba qué momento del día era pues sólo quería sacar el celular y encontrar un número que me tranquilizara y me alimentara el juego para poder seguir. ¿Cuál sería el próximo? ¿Con qué me sorprendería el “universo”? ojalá sea un capicúa impar.Entonces, en un acto del cual me arrepiento profundamente, decidí registrar (congelar) aquellos números bonitos tomando pantallazos cada vez que me encontraba alguno. Pero como cuando éramos niños, cuando las reglas aparecieron el juego dejó de ser divertido. Puse un fondo negro creyendo que la colección iba a ser más bonita. La presión de la estética trajo de la mano la presión de la cantidad. ¿Cuántos llevo? O, aún mucho mucho peor, esperemos dos minutos y logro “capturar” el 18:18. Todo esto terminó por agotarme y ese amor u obsesión (no entremos en discusiones reales) se acabó. Ya no quiero sacar el celular en búsqueda de números. Ya no quiero un fondo negro.

Instrucciones para matar una obsesión:

Instrucciones para matar una obsesión:

Si usted era (o es) de los míos y al ver su celular un 11:11 Once-y-Once o un 20:20 detenían su mirada y celebraba internamente usted era de los míos. Durante más de un año tuve la incansable maña de sacar el celular para ver la hora. Y no voy a mentirles. Esto no era una obsesión por el tiempo. A decir verdad, la hora poco me importaba. Lo que realmente sentía era una obsesión por los números bonitos. Repeticiones, sucesiones, números primos, capicúas y absurdas alusiones a tragedias (el 09:11 obvio) empezaron a obsesionarme. Ya no importaba qué momento del día era pues sólo quería sacar el celular y encontrar un número que me tranquilizara y me alimentara el juego para poder seguir. ¿Cuál sería el próximo? ¿Con qué me sorprendería el “universo”? ojalá sea un capicúa impar.Entonces, en un acto del cual me arrepiento profundamente, decidí registrar (congelar) aquellos números bonitos tomando pantallazos cada vez que me encontraba alguno. Pero como cuando éramos niños, cuando las reglas aparecieron el juego dejó de ser divertido. Puse un fondo negro creyendo que la colección iba a ser más bonita. La presión de la estética trajo de la mano la presión de la cantidad. ¿Cuántos llevo? O, aún mucho mucho peor, esperemos dos minutos y logro “capturar” el 18:18. Todo esto terminó por agotarme y ese amor u obsesión (no entremos en discusiones reales) se acabó. Ya no quiero sacar el celular en búsqueda de números. Ya no quiero un fondo negro.